CRÍTICA | Boyhood, el paso del tiempo según Linklater

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Desde el pasado festival de Berlín, Boyhood, la nueva película de Richard Linklater, se ha convertido en la sensación cinematográfica del año. El experimento del director de la trilogía Antes del Amanecer/Atardecer/Anochecer consiste una vez más en jugar con el paso del tiempo, y para eso decidió grabar cada verano durante doce años con los mismos actores para constatarlo.

La historia resulta muy sencilla, no tiene clímax ni tiene momentos de tensión, sino que de forma episódica nos muestra el crecimiento de Mason  desde los 9 a los 18 años y la evolución en las relaciones con su hermana Samantha y sus padres. Paradójicamente, ésta es su mayor virtud, porqué a pesar de que en ocasiones desprende cierta sensación de “americanada”, todos nos podemos sentir identificados o identificadas con ese proceso de crecimiento. Todos hemos tenido miedo a crecer o todos hemos pasado la edad de los “monosílabos”.

Linklater consigue casi en todo momento una naturalidad pasmosa y sorprendente que ayuda a empatizar. Además transmite a la perfección esa frase de Chaplin “Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia.” Humor y tragedia (esta última quizás a veces exagerada) se mezclan de forma inteligente. Probablemente es gracias a que no había guión establecido, como ya pasó con la nombrada trilogía, el libreto se escribía entre reparto y director. Curiosidades como esta hacen que la realidad detrás del celuloide resulta casi más atractiva que la propia historia. Hasta que punto estamos ante la verdadera vida de Ellar Coltrane o es una invención. Ahí cada quién es libre de pensar lo que quiera.

A parte del primerizo Ellar Coltrane en la película aparecen Ethan Hawke, que una vez más parece que solo sabe actuar cuando le dirige Linklater y Patricia Arquette como figuras paternas, así como Lorelei Linklater hija del director que interpreta a Samantha.

Ideas y proyectos como Boyhood demuestran que el cine es un medio lleno de posibilidades, y que no es necesario un gran dramón, una gran historia de amor o de acción para encandilar al público sino una historia sincera.

NOTA

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