CRÍTICA | La Isla Mínima, la excelencia del cine español

isla3La Isla Mínima de Alberto Rodríguez (Grupo 7) ya ha llegado a nuestra cartelera, y de qué manera. La película distribuida por Warner ha sido la ganadora del box office de este fin de semana con una gran media por copia que la sitúa como la segunda mejor del año para un film español. Los premios en el festival de San Sebastián (mejor fotografía y mejor actor), junto con su ausencia en la batalla final por ser la película española que representara a los Oscars le ha servido para crear todavía más expectación. Las similitudes con True Detective están a la vista. No solo el punto de partida y el argumento basado en un caso policial de un asesino en serie que tiene como objetivo a chicas jóvenes, sino que la presencia de ciertos elementos también coincide: la importancia del paisaje y de la localización, los cuernos de los ciervos, la influencia cultural de la religión… Y por una vez las comparaciones no son odiosas. Las dos son productos sólidos y de gran calidad.

La Isla Mínima nos sitúa en los años 80 en las Marismas del Guadalquivir, una localidad rural y fluvial en la que desaparecen dos chicas Estrella y Carmen mientras son las fiestas del pueblo. Juan y Pedro, dos policías expedientados, son enviados a la localidad para resolver el misterio.

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La sinopsis no dista demasiado de las miles de películas policíacas que salen cada año. Dónde reside sus virtudes es en la combinación de elementos y subtramas que conforman una historia sólida, llena de matices y de múltiples lecturas. La película no es simplemente una búsqueda y posterior resolución de un caso policial. El film es sobre todo una radiografía de una España que salía de una dictadura, del pasado y del futuro del cuerpo de policía, y un testigo de la verdadera velocidad del cambio democrático personalizado por la gente del pueblo que busca mediante reivindicaciones mejores condiciones de vida.

Mucha parte del mérito de que la película funcione la tienen todo el equipo de detrás de la pantalla. Desde el guión que deja más a la imaginación que en boca de sus personajes, a la magnífica fotografía de Álex Catalán pasando por el montaje de José M. G. Moyano, pausado pero con una fuerte tensión interna. Alberto Rodriguez pone su dirección al servicio de la historia consiguiendo una película con mucha fuerza narrativo-expresiva. El uso de los planos cenitales como forma de ir mostrando la evolución a lo largo de la historia, así como reforzar la importancia del escenario es simplemente asombroso.isla4

La otra parte del mérito la tiene Javier Gutiérrez (flamante Concha de Plata en Donosti) quien interpreta uno de los dos policías “castigados”. Con una sola mirada bascula entre el hombre simpático y aparentemente despreocupado al hombre de pasado oscuro con remordimientos. El encargado de acompañarlo en la dupla policial es Raúl Arévalo, que aunque está más que correcto, la sombra de Gutiérrez puede un poco con él. Por último como secundarios les acompañan Antonio de la Torre, Nerea Barros entre otros.

La isla mínima nos hace plantear una vez más la frase “pero si esta no parece española” y nos convence que el cine español puede ser igual o mejor que el de cualquier otro país. La nueva película de Alberto Rodríguez se puede convertir en EL THRILLER del año.

NOTA

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