CRÍTICA | I Origins (Orígenes), ver para creer

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Este fin de semana llega a nuestras carteleras la segunda película del director norteamericano Mike Cahill. I Origins (Origenes) fue la gran triunfadora del pasado festival de Sitges. Público y crítica salieron convencidos tras una proyección que fue bastante aplaudida una vez pasado el fundido a negro final. Antes de su buena acogida en el certamen de cine fantástico barcelonés, también recibió elogios en el festival de Sundance dónde el director recibió el premio Alfred P. Sloan Feature Film por el enfoque científico de la obra. Hace casi tres años, se estrenaba en España la ópera prima de Mike Cahill, Another Earth una pequeña gran obra, también de ciencia ficción, sobre los recovecos del destino y el sentimiento de pérdida con una interpretación de Brit Marling estelar.

I Origins (Orígenes) se centra en Ian Gray, un estudiante de biología molecular especializado en la evolución del ojo humano que vive encerrado en el laboratorio. Su vida da un giro de 180º cuando conoce a una misteriosa chica en una fiesta de disfraces de la que solo podría reconocer sus ojos, en concreto el multicolor de su iris. En ese momento conocerá a Sofi. A través de unos terribles acontecimientos Ian se obsesionará con su investigación hasta el punto de descubrir algo que podría cambiar el futuro de nuestra existencia.

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La nueva película de Mike Cahill propone el eterno, y no por eso menos interesante, debate de donde esta la frontera entre la verdad científica y lo que podríamos definir, si es que lo permitimos y creemos, como una verdad espiritual. El debate que duró 9 temporadas de X-Files (Expediente X) sobre sí hacer caso a la razón intentando superar sus límites para llegar a un nivel abstracto etéreo y místico. El dilema y el deseo de creer de Ian se hace patente ante los resultados empíricos provocando un sorprendente giro final.

El film con toques de romance también es una interesante reflexión sobre la mirada. Por un lado sobre el color que nos hace únicos como seres humanos. Y por otro lado, de forma más metafórica sobre el punto de vista de la historia para con el protagonista; para con el espectador; y para el propio director y guionista que guía y decide sobre qué poner el enfoque.

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Aun así, su desarrollo estructural está plagado de concesiones y licencias creativas para acentuar la emoción y la gran sorpresa final. Se ve demasiado el rompecabezas, y aunque quizás no descubres el resultado de la argucia, si te das cuenta que el film te está manipulando en todo momento. El desencadenamiento de los hechos y el resultado final se manifiesta poco sutil y algo forzado.

Michael Pitt (Los Soñadores, Boardwalk Empire) es el gran protagonista de I Origins (Orígenes) interpretando a Ian. Satisfactoria y comedida interpretación que cumple con lo necesario. Astrid Bergès-Frisbey es la encargada de introducir el elemento ascético para representar ese ideal inalcanzable. Y por último tenemos a Brit Marling, que aunque en este film es una figura secundaria, su fuerza y naturalidad en pantalla hace que gane todos los duelos interpretativos con quien comparte las escenas.

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I Origins (Orígenes) no supera la ópera prima de Mike Cahill, pero con su buena factura técnica y su historia puede gustar a un tipo de público cosmopolita bastante amplio. Un film con una idea clara y una reflexión interesante. En un fin de semana en el que los grandes estrenos son: la comedia Dos tontos todavía más tontos, el cinta de acción Matar al mensajero y la biográfica Escobar: Paraíso perdido; la obra de Cahill es una alternativa fresca y original para ir al cine.

Si finalmente os decidís por ir a ver a la película prestad atención y no os vayáis del cine en los créditos que hay una divertida y algo surrealista escena después de ellos.

NOTA
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