CRÍTICA | Loreak, mucho más que flores

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Las flores han tenido una gran importancia social y cultural desde los inicios de la civilización humana. Tanto en la cultura occidental como la oriental las flores se han convertido en un lenguaje, un medio para transmitir sentimientos. Desde la felicitación a la pérdida, pasando por el agradecimiento.

Loreak, palabra en euskera para nombrar a las flores, es la segunda película, tras 80 Egunean,  de la dupla José María Goenaga y Jon Garaño. El film integramente en euskera dejó muy buenas sensaciones en el pasado festival de San Sebastián, a pesar que no se llevó ningún reconocimiento. Pero sí permitió que la distribuidora española A Contracorriente Films apostara por una distribución contenida a nivel estatal para que más gente pudiera disfrutar de esa pequeña joya.

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El film nos cuenta la vida de tres mujeres, Ane, una mujer sumida en la monotonía del día a día que le acaban de comunicar que padece menopausia precoz, y Tere y Lourdes, suegra y nuera respectivamente que tienen que hacer frente, cada una a su manera a un evento traumático de sus vidas. Unas misteriosas flores que aparecen periódicamente cambian la vida de nuestras tres protagonistas. Ane, Tere y Lourdes con la ayuda de esas enigmáticas flores aprenden a superar sus problemas y seguir adelantes.

En Loreak los silencios y las miradas hablan alto y fuerte. Como las tres mujeres protagonistas es un film de aspecto frágil y sensible pero de fundamentos profundos y sobrios. Es una historia sobre el sentirse perdida y el esfuerzo para volver a encontrarse. Un film sobre la superación de un conflicto y el saber mirar adelante con la cabeza bien alta.

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Es de agradecer la construcción austera, reposada y contenida de su arco dramático ya que con su trama se podría haber apostado por buscar la lagrimilla fácil al espectador de forma facilona. Muchas de las películas corales estadounidenses y europeas fracasan en su narración, y es que la dificultad de crear una historia coral reside no tanto de dibujar bien las diferentes historias, sino en saber unirlas de forma lógica y natural. Loreak cuida esos vínculos con su montaje invisible y preciso.

Pero si por algo destaca esta ficción vasca es por el trabajo interpretativo de las tres protagonistas. Nagore Aranburu en el papel de Ane, Itziar Aizpuru como Tere y Itziar Ituño interpretando a Lourdes retratan las dudas, los miedos y los cambios en la mujer adulta con muchos matices y mucha sensibilidad. Unas figuras feneminas que son retratadas como personas fuertes y con afán de superación.

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Loreak es otra demostración de que el cine español tiene muchas propuestas y muchos sensibilidades que a veces quedan escondidas bajo productos como Torrente. Es un film medido en el que no le sobra nada, y toda su trama resulta muy compensada. Lástima que a pesar del estreno peninsular, inevitablemente limitado, su tercera semana en cartelera parece ser su última.

NOTA

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