CRÍTICA | Still Life (Nunca es demasiado tarde)

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Tras un año del estreno en Italia de Still Life, llega en pantallas españolas de la mano de A Contracorriente Films con el nombre de Nunca es demasiado tarde, tras el estreno hace mes y medio de Alemania, después de un longevo y fructífero paso por muchísimos festivales. La cinta de Uberto Pasolini, productor de Full Monty entre otros que desde hace 7 años se ha pasado también a la dirección cosechó premios y elogios que se repartieron a partes iguales el propio Pasolini con el protagonista Eddie Marsan, en los festivales de medio mundo, entre ellos Venecia, Abu Dhabi, Edinburgh y Reykjavik entre otros. Además ganó el globo de oro italiano a mejor fotografía y fue nominado en los David Di Donatello (los premios más prestigiosos en Italia. A nivel de crítica Rotten Tomatoes le otorga un 92% de críticas positivas.

La coproducción británico-italiana nos presenta a John May un solitario empleado del ayuntamiento cuya tarea no es otra que buscar a los familiares de los fallecidos que nadie reclama. Nuestro protagonista trabaja diligentemente e intenta comprender a la persona fallecida. De esta manera les prepara su funeral de la mejor manera que puede. Un día, su superior se reúne con él para decirle que prescindirán de su puesto pues es un trabajo demasiado costoso tanto de tiempo como de dinero. El protagonista lo acepta a cambio que le deje acabar el último caso en el que empezó a trabajar.

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Still Life (Nunca es demasiado tarde) parte de un punto de partida original e interesante, nos muestra un protagonista peculiar con un trabajo de los más extraño. En ningún momento juzga ningún acto ni busca el morbo en la presencia de cuerpos sin vida. Pero, esta misma sensación de visión objetiva, pronto se vuelve en su contra. El film tampoco te empuja hacia ningún tipo de empatía hacia la búsqueda del protagonista, porque este se muestra totalmente opaco. La obra se pasa dem  asiado tiempo en la pura descripción de tareas cotidianas del protagonista y tarda demasiado en mostrar sus cartas, para atraer el espectador hacia sí. 

Como el eterno misterio del origen del huevo y la gallina, llega un punto en el que no se sabe sí el protagonista resulta tan insulso debido a la propuesta cinematográfica, o la película es tan anodina porqué no conseguimos entender la vida del personaje principal. Todo resulta olvidable, no hay golpes de efecto, ni los busca. Uberto Pasolini busca con toda intención mostrar esa rutina poco interesante y bastante insustancial, para señalar que la vida real es igual de apagada cuando la ves en perspectiva, no así cuando se vive en primera persona, pero a nivel de interés cinematográfico le queda una propuesta agridulce, con un final efectista e innecesario que tira por el suelo todo lo planteado.

Still Life

Eddie Marsan, cara reconocida como eterno secundario en películas como Filth, Tyrannosaur (Redención), Sherlock Holmes o Happy-Go-Lucky entre otras, tiene en Still Life (Nunca es demasiado tarde) la oportunidad de ser protagonista y amo y señor de la película. Con un personaje difícil consigue una comedida y meritosa actuación aunque se ve un poco empañada por el propio desarrollo del film y da la sensación que tanto personaje como actor podrían haber dado mucho más de sí. Está acompañado por Joanne Froggatt (Filth, Downton Abbey), Karen Drury, Andrew Buchan, Neil D’Souza, David Shaw Parker y Michael Elkin entre otros.

La segunda película dirigida por Uberto Pasolini resulta un intento frustrado de mostrar la fugacidad de la vida y la huella más o menos presente que dejamos en ella.

NOTA

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