CRÍTICA | Jauja, el solitario y metafórico viaje de Mortensen

Jauja es la quinta película del director argentino Lisandro Alonso. El realizador pertenece al llamado cine independiente dónde sus películas dicen apoyarse en un ritmo emocional e intimista. Las anteriores películas y su trabajo consiguieron cierto reconocimiento de festivales como Toronto, Karlovy Vary, Rotterdam o Gijón entre otros. Con Jauja va un paso más allá y es reconocido con el premio FIPRESCI de la sección Un Certain Regard. Con la figura mediática de Viggo Mortensen totalmente implicado en el proyecto, se presenta de manera limitada, en carteleras españolas un film sui generis como pocos que no dejará indiferente.

En la antigüedad se creía que Jauja era una suerte de paraíso terrenal. En busca de esta tierra mitológica salieron muchos exploradores, pero ninguno de ellos consiguió llegar y todos se perdieron en el camino. Entre ese grupo de valientes están Gunnar Dinesen y su hija Ingeborg, dos daneses en busca de fortuna con la ayuda de autóctonos.

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Jauja es un western contemplativo y metafórico. Nunca es un viaje terrenal, el objetivo no es cruzan ningún desierto, ni recuperar lo quitado, ni vencer a los bandidos que se aprovechan de los ilusos aventureros. Esa metáfora y ese juego referencial va aumentando y creciendo hasta el punto que Alonso deja totalmente a la mente del espectador el final de la película. Un planteamiento que funciona como una arma de doble filo, por un lado le propones un reto al espectador que le interesa “jugar”, pero por otro lado caes en la trampa de que al no darle ningún tipo de ayuda el mismo abandone para dedicarse a otra cosa. El ritmo pausado es un aliado de lo segundo.

El film habla de un viaje espiritual, de un viaje interior sobre el pasado, presente y futuro de uno mismo, del protagonista y del propio espectador. Habla de los miedos y los deseos ocultos. Jauja es una película que mediante una especie de peregrinación por los bellísimos paisajes de la Pampa diserta la verdadera naturaleza del ser humano.

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En una puesta en escena intimista en la que hay cierta depuración de estilo y de elementos,  dónde destaca la hermosa fotografía de Timo Salminen, colaborador habitual de Kaurismäki, que junto al director Lisandro Alonso plantean un trabajo que aprovecha un formato 4:3 con una planificación de encuadres asombrosa formando cuadros preciosistas. Y también las dos preciosas melodías compuestas por Viggo Mortensen que eleban el montaje final hacia cierto estado metafísico.

El poco éxito que puede tener una película de este tipo fuera de los circuitos especializados de festivales se debe a otro factor. En este caso ese as en la manga es Viggo Mortensen. El actor que goza de gran reconocimiento entre casi todo tipo de espectador y de aficionado al cine, nos presenta un ejercicio introspectivo, mostrándonos su sufrido viaje.

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Jauja es una apuesta arriesgada, apta para un tipo de público muy concreto, que te exige demasiado para lo poco que te da a cambio. Es un film que espera que tu le ayudes a terminar porqué Lisandro Alonso nunca tiene la intención de mostrártelo, y eso pretende ser visto como una gran pedantería o como un ejercicio brillante. El problema es que se queda en tierra de nadie.

NOTA

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