CRÍTICA | Still Alice, siempre Alice, asombrosa Julianne

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Still Alice (Siempre Alice) es una película de Richard Glatzer y Wash Westmoreland basado en una novela de la neurocientífica Lisa Genova. En el film destaca la actuación de Julianne Moore quien como siempre nos regala una gran interpretación y vuelve a postularse para ganar un Oscar, tras sus cuatro nominaciones sin premio. A priori, si se cumplen todos los pronósticos este debería ser su año, no solo porqué actúa bien y a la academia ya le toca compensar; sino porqué probablemente es su mejor papel desde que fuera la despampanante Charley en A Single Man (Un Hombre Soltero).

La cinta parte de un argumento muy sencillo, una profesora, la Dra. Alice Howland, lingüista y psicóloga cognitiva, se le diagnostica Alzheimer prematuro a los 50 años. Ella y su familia se verán obligados a afrontar la enfermedad de la mejor forma que puedan y lidiar con los problemas diarios.

A lo largo de la película asistimos al progresivo deterioro mental y por consiguiente físico de la protagonista Alice ante la mirada impotente de los seres queridos quienes reaccionan y lo afrontan de diferente manera. Como un miembro más de su familia, los directores construyen la narrativa, para que el espectador sufra y se cuestione decisiones respecto a “qué pasaría si…”; y además nos muestra un punto de vista cómplice con el personaje principal. Delante de la pantalla somos los únicos y verdaderos testigos de todas las preocupaciones, dudas, miedos de una persona que se ha servido de su intelecto para llegar a cumplir sus objetivos laborales y personales, y poco a poco a la desaparición de estos por culpa del Alzheimer.

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Como Away From Her (Lejos de Ella), Arrugas o El Hijo de la Novia, Still Alice (Siempre Alice) pretende transmitir una historia sincera, a la vez desoladora y de constante lucha. Hoy en día las enfermedades incurables, aunque cada vez hayan menos, siguen siendo una demostración inevitable de impotencia y un recordatorio a la humanidad que a pesar del rápido avance de las tecnologías y el “progreso” siguen habiendo grandes temas desconocidos. El Alzheimer es especialmente temido porqué el deterioro no es físico, sino mental y si el ser humano está caracterizado por su raciocinio, la enfermedad te la borra por completo y te lo impide todo.

El film de ejecución sobria, minimalistas sin grandes alardes busca transmitir un mensaje de forma cruda, directa, visceral, implacable, real. Ver como en poco tiempo una persona pierde su personalidad, sus recuerdos y su vida nos da una patada en el estómago de la que nos cuesta reponernos.

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La cuarta película de Glatzer y Westmoreland se sustenta por las interpretaciones, concretamente por la de su protagonista Julianne Moore que consigue construir a una Alice Howland llena de matices, con pequeños detalles vamos siendo testigos de quién era y en qué se está transformando mientras lucha interiormente contra ella misma. Sus gestos y su progresiva pérdida de foco en su mirada impactan directamente en la retina del espectador. Por contra el buen elenco de personajes secundarios formados por Alec Baldwin (como abnegado marido), Kristen Stewart (como hija rebelde), Kate Bosworth (como hija perfecta) y Hunter Parrish(como buen hijo) queda en segundo plano y desdibujados. Los actores quedan quizás demasiado desaprovechados, y sus personajes poco nítidos, ya que solo sirven para acompañar a la protagonista en alguna etapa de su enfermedad.

Still Alice (Siempre Alice) es una notable película sobre el Alzheimer que invita a la reflexión en la que destaca una actuación descomunal de Julianne Moore quien con su sola presencia te mantiene expectante y cuya evolución dramática te deja el corazón en un puño.

NOTA

nota7'5t

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