CRÍTICA | Mandariniid (Mandarinas) de Zaza Urushadze

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MAGNÍFICO ALEGATO ANTIBELICISTA DESDE EUROPA DEL ESTE

Normalmente en la categoría de mejor película de habla no inglesa se recogen propuestas de todo tipo, con más o menos presupuesto y de estilos de lo más dispares. En la pasada edición de los Oscars entre las grandes favoritas Ida y Relatos Salvajes se coló la estonia Mandariinid (Mandarinas). El film que es un canto antibelicista minimalista fue una pequeña gran sorpresa de excelente calidad que no tiene nada que envidiar a las mejores cintas del año. Karma Films, la pequeña distribuidora afincada en Madrid ha decidido traerla en España y estrenarla hoy, en un fin de semana que a pesar de competir con el blockbuster de Los Vengadores: La Era de Ultron, se debería convertir en la elección de los amantes del cine más allá de los fuegos de artificios tecnológicos. Un estreno que aunque agradecemos se nos antoja un poco tarde, más de dos meses después de los premios de la academia.

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El film nos cuenta como Ivo, un estonio que se niega a irse de la provincia georgiana donde vive y donde ha estallado la guerra y ayuda a su vecino Margus, el otro único habitante de esas tierras a recoger la cosecha de mandarinas. Su pacífica vida se acaba cuando una batalla del conflicto se disputa frente a sus casas y da como resultado tres muertos, y dos heridos supervivientes de bandos contrarios que decide meter en casa para salvarles la vida.

Mandariinid (Mandarinas) es una obra sumamente inteligente. Para hablar sobre los desastres y las terribles consecuencias de las guerras aúna las virtudes del relato fabulístico; dándole una atmósfera atemporal al conflicto, y paralizando la noción del tiempo dentro de la casa que funciona como localización principal y casi única, con lo mejor del retrato bélico; la crudeza y cierta frialdad que le ayuda a contar la narración con cierta distancia. Este guión brillantemente escrito, que dibuja silencios con la misma fuerza que las palabras, también posee un humor peculiar, frío, negro que ayuda a no caer en el melodrama bélico fácil.

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Los demás elementos técnicos y artísticos acentúan la sobriedad y el minimalismo de una historia de corte teatral que sin embargo introduce al espectador a una profunda reflexión a la par que a una narración sorprendente y abrumadora. La dirección de Zaza Urushadze consigue transmitir la grandilocuencia de los personajes y sus acciones, frente a unos exteriores convertidos en escenario vacío, íntimo y a la vez lleno de fantasmas.

Junto el guión de la película destaca la fuerza interpretativa de los cuatro personajes. Lembit Ulfsak interpreta a Ivo, con una posición omnipresente y una apariencia calmada, sin saber casi nada de él más allá de sus acciones se convierte en una figura próxima a una deidad terrenal, salvando a los soldados, y mostrando que está por encima del bien y del mal que gritan a los cuatro vientos los dos bandos. Elmo Nüganen interpreta con mucha simpatía y humanidad a Margus, un hombre de corazón puro, algo iluso cuyo único deseo es que no se desperdicie la cosecha de mandarinas debido al conflicto armado. Por último Giorgi Nakashidze y Misha Meskhi interpretan a Ahmed y a Niko respectivamente. El primero checheno y musulmán, el segundo georgiano y cristiano. Dos interpretaciones que se complementan entre sí, mostrando al espectador los sin sentidos de los extremismos y el debate psicológico de cada uno en cada momento de la cinta con una sincera evolución.

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Mandariinid (Mandarinas) es un brillante alegato antibelicista, humanista yminimalista, sin necesidad de travellings o grandes escenas de acción, bombas y desmembramientos. Cine inteligente que con muy poco consigue mucho gracias a un guión y unas actuaciones excelentes.

NOTA

nota8'5t

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