CRÍTICA | Filth, porquería superficial

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Jon S. Baird (Cass) se atreve a adaptar una novela de Irvine Welsh, célebre escritor a quien el séptimo arte ya recurrió hace ya 18 años con Trainspotting. El film que llega a las pantallas españolas con un año de retraso tuvo muy buena acogida en el Reino Unido dónde su protagonista James McAvoy ganó el British Independent Film Award, el Empire Award, así como el guardon del círculo de críticos de Londres de mejor actor británico. Además la película en sí tuvo también varias nominaciones. En Estados Unidos convenció menos, así lo demuestran el 56% en Metracritic y el 62% en Rotten Tomatoes.

Filth nos habla del detective Bruce Robertson, el policía más maleducado, pervertido, asqueroso y adicto al sexo y a las drogas de Edimburgo que luchará con sus compañeros para obtener un ascenso y así salvar su matrimonio, mientras paralelamente intenta solucionar un caso de asesinato. La sinopsis, como la película no deja indiferente a nadie; y su puesta en escena y desarrollo narrativo tampoco. Influenciado por el nuevo cine británico de Danny Boyle o Guy Ritchie, la historia está dotada de ritmo desenfrenado, de slow motion y de frases cómplices del protagonista mirando hacia el espectador. Elementos que buscan la incomodidad del voyeur y la repulsión que ya avanzaba el propio título.

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El principal problema es que esa necesidad de transgredir con su verborrea y sus imágenes lascivas a ritmo vertiginoso resulta un intento frustrado. No estamos en 1996. A pleno siglo XXI cuesta mucho sorprender e inquietar a un espectador que ha crecido viendo asesinatos y suicidios por la televisión y/o por youtube. Y finalmente todos esos intentos de Filth queda simplemente como una oda a lo desagradable que más que disgusto resulta un poco irrisoria. El giro dramático de los acontecimientos también resulta forzado ya que solo parece buscar una redención para un protagonista que desde los primeros cinco minutos nos deja bien claro que no se la merece ni la quiere.

A pesar de sus defectos, Filth tiene una gran virtud. Ésta se llama James McAvoy. El actor escocés, que empieza ya nos ha mostrado bastantes registros a lo largo de su carrera, borda esa personalidad psicótica, y un poco psicópata. McAvoy es en Filth todo intensidad, todo poder, y con gran fuerza de convicción. Le acompañan Jamie Bell, Imogen Poots, Eddie Marsan y Jim Broadbent entre otros.

En resumidas cuentas, Filth es un producto vistoso con buen pulso narrativo y con verbosidad abundante que busca impactar a un espectador que en pleno 2014 ya le sorprenden pocas cosas. Un film que busca una crítica sobre la acelerada sociedad de consumo actual, pero que no da demasiados argumentos más allá de tópicos uno detrás de otro.

NOTA

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