CRÍTICA | The Theory of Everything, la Teoría del Todo de Stephen Hawking

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Hace un par de días llegaba a pantallas españolas The Theory of Everything (La Teoría del todo) biopic de la figura de Stephen Hawking que se nos cuenta desde que descubre su enfermedad en sus años de estudiante hasta la comprensión total de ésta ya como científico reconocido mundialmente. El film ha recibido buenas críticas y múltiples reconocimientos, cuenta con cinco nominaciones a los Oscars, a mejor película, mejora actor, mejor actriz, mejor guión adaptado y mejor banda sonora. Ya en la previa, en los Globos de Oro ya consiguió dos estatuillas, una para Eddie Redmayne como mejor actor-drama y el otro para la música de Jóhann Jóhannsson.

El film empieza con un Stephen joven sin rumbo claro deambulando por los pasillos de Oxford mientras va superando los trabajos mientras le exigen tema para su tesis doctoral.  En una fiesta conoce a Jane una joven estudiante de lenguas. A pesar de las diferencias de pensamiento y de personalidad Jane y Stephen congenian desde el principio y una vez Stephen es consciente de su enfermedad, es su primer e incondicional apoyo gracias a la cual saldrá adelante.

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The Theory of Everything (La Teoría del Todo) se centra precisamente en la pareja, no tanto en la figura única del científico y teórico. La historia de superación se entiende por el amor que uno profesa por la otra y la otra por el uno. A lo largo de los años su relación se va modulando según los múltiples obstáculos y los inevitables cambios de personalidad que acompañan el inevitable envejecimiento.

La película está construida como una historia de superación con el amor como principal fuerza de motivación, una decisión poco arriesgada teniendo en cuenta que el protagonista de la historia es uno de los científicos más importantes de los últimos tiempos. El tema científico, la búsqueda del origen del tiempo, queda en segundo plano y como recurso para aportar detalles reales y para transiciones visualmente cautivadoras. El miedo a hacer una película demasiado científica que alejara al espectador medio ha convertido a The Theory of Everything (La Teoría del Todo) en un burdo culebrón sentimentaloide sobre Stephen Hawkings y su primera mujer Jane Wilde.

Aun así la película se mantiene a flote gracias a la buena factura técnica y sobre todo por las dos actuaciones principales. En el apartado técnico tenemos una correcta dirección de James Marsh (Man on Wire), una buena fotografía de Benoît Delhomme y una reconocida banda sonora de Jóhann Jóhannsson.

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Eddie Redmayne y Felicity Jones son las dos estrellas que realmente brillan en The Theory of Everything (La Teoría del Todo). El primero sufre no solo una metamorfosis física sino también una trabajada evolución psicológica a lo largo de la película. El “tortolito enamorado” de Les Miserables (Los Miserables) demuestra que puede ser mucho más que una cara bonita, y aquí se retuerce para meterse en la piel de Stephen Hawking con un resultado asombrosamente positivo. Sus múltiples reconocimientos son una muestra de un trabajo bien hecho. Felicity Jones por su parte también hace una gran actuación metiéndose en la piel de Jane Wilde, la mujer extraordinaria detrás del hombre extraordinario. Sin cambios físicos, Jones nos regala una interpretación más contenida e íntima que complementa la de Redmayne como Hawking.

The Theory of Everything (La Teoría del Todo) es un biopic bien ejecutado y mejor interpretado que apuesta por las relaciones humanas para superar los reveses de la vida pero que acaba cayendo en el culebrón dramático cuando la vida de Stephen Hawking daba para mucho más.

NOTA

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